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BLACK POLE, dictadura servil

Muestra internacional, Curaduría Anders Ronnlund y Victor Hugo Bravo. Kottispektionen, Upsala, Suecia - 2018

Instalación. Galpón construido en madera de pino, planchas de techo, camuflaje perteneciente al ejercito Sueco, esmalte.

Cabezas impresas y pintadas sobre cartón piedra, ramas de arboles, luces de ampolleta y cables.

Vaciados en yeso y cemento, objetos hechos en arcilla, luces led.

 

"Él era un déspota absoluto y el ídolo de su pueblo. La riqueza del país se  vertía en sus manos.

Él tenía una pasión insaciable de monumentos y símbolos conmemorativos en su gloria. En cada ciudad que estuvo se erigió estatuas de sí mismo llevando leyendas en alabanza de su grandeza. En las paredes de cada edificio público, se fijaron placas conmemorando su esplendor y la gratitud de sus actos. Sus estatuas y retratos fueron dispersados por toda la tierra en cada casa y ciudad. Uno de los aduladores de su corte lo pintó como San Juan, con un halo y una hilera de asistentes con el uniforme completo. Losada vio nada incongruente en esta imagen, y lo había colgado en una iglesia en la capital. Ordenó a un escultor francés una pieza de mármol incluyéndose a sí mismo con Napoleón, Alejandro Magno, y uno o dos más a quien él consideraba digno del honor.

El dictador de una republiqueta.”

 

La propuesta Polo Negro  instala su mirada sobre los estigmas sociales y las ideas elaboradas en torno a Latinoamérica como un campo de errores, de producción material, de guerrillas, de tráfico, de carnavales y fiestas, dictaduras  y de caos sociopolítico y cultural.

Donde Más allá de la mirada estándar existe una concepción íntima, subjetiva que determina las sociedades por su ubicación geográfica, su historia, sus regímenes, su cultura y fundamentalmente sus orígenes.

Esta amalgama de capas culturales define la forma de plantearse frente al mundo y determina las diferencias sutiles y abismales con países cercanos, pero sobretodo define una manera de producir sentido, una forma visual que en la lejanía del polo sur no encaja en las definiciones clásicas de la Tropicalia Latina.

Bajo esta premisa surge la pregunta de cómo una obra, como la producción artística circula globalmente y se ensambla a conflictos y cuestionamientos universales

Como de establecen vínculos formales y culturales entre países distantes que puede entablar un puente de conexión sin dejarnos caer en campos discursivos estandarizados.

 

Los artistas convocados transitan varias generaciones de producción de obra,  tensionando experiencias históricas y evolutivas de los procesos artísticos y sociales de un país y como estos pueden instalarse en un medio diferente para visibilizar esa visión en tránsito, una visión nómade de la producción artística pero que en sus espacios más sutiles, en sus fisuras se van vislumbrando las diferencias, las posiciones y los elocuentes espacios de disidencia donde componente de la actualidad y del campo artístico no logran entrar.

Polo Negro, indaga esos campos de las minorías, esos territorios políticos y externos al mercado, foráneos de los grandes hitos del arte, de las vitrinas oficiales para plantear desde el ojo errático una condición de sociedad.

SOMOS IMPERIO

 

El eje de fractura (que vuelca el entorno de participación masculina) lo da Víctor Hugo Bravo, con su obra SOMOS IMPERIO (2018), cuya concepción imputa dos núcleos prioritarios que nos permiten acercarnos a esta oportuna instalación, la primera vinculada con el ejercicio visual muy típico en el artista del camuflaje, pero esta vez el camuflaje se consolida como elemento de investigación, una vez que nos explica que el patrón usado para esta obra es el del camuflaje M90, camuflaje usado por las fuerzas armadas suecas aplicado desde los setenta, denominado camuflaje FOA que se adapta muy bien a las llanuras de la región.

 

El otro núcleo es el morfológico-conceptual, que se visibiliza cuando el artista construye un galpón, este galpón camuflado como metáfora de la acumulación de objetos (ideal del primer capitalismo), el del capitalismo acumulador y compulsivo en donde América Latina resulta ser el galpón de reserva del primer mundo, bodega de las reservas que serán luego explotadas para beneficios de extraños, y que en principio fueron de oro y plata en la Colonia, para luego ser de cobre, de madera o actualmente de los yacimientos de litio o de wolframita (forma natural del tungsteno) así como galpón de oxigeno amazónico como pulmón del mundo.

 

Esta crítica pertinente nos hace recapacitar si en realidad “somos imperio” o somos el patio de atrás del sistema mundo que ha generado una ficción de una América Latina como espacio único y uniforme, tal como el camuflaje de Bravo que lo homogeniza todo, una América similar en cuanto todos sabemos que ese ideal es una ficción, pues América Latina es una variedad de países y regiones, cada una diferente y diversa en un conjunto de culturas, saberes conocimientos y experiencias tan disimiles que es imposible de concebirle como una unidad.