





RE/TORCER
Proyecto expositivo bipersonal
Sala Anselmo Cádiz, Centro Cultural El Bosque.
Santiago, Chile. 2026
APRONTES SOBRE RE-TORCER
Para saber de las sombras hay que mirar, pese a todo
Georges Didi-Huberman
Aquí buscamos retorcer un color: el negro.
Comprimirlo, exprimirlo, tensionarlo hasta arrancarle una luz a aquello que aparentemente ya no la posee. Como en aquella frase popular —“en este lugar no sale el sol”— lo negro aparece aquí no solamente como un color, sino como una condición histórica y material del presente.
El negro transita tiempos y espacios distantes. Nos conduce hacia territorios lúgubres, aunque no habla únicamente de muerte o devastación. Habla también de furia social, agotamiento histórico y cuerpos sometidos a una intemperie política y afectiva. Un paisaje donde la experiencia contemporánea parece desarrollarse bajo una luz cada vez más debilitada.
Sabemos que la luz construye el color. Pero también organiza la visibilidad de lo real: determina aquello que puede ser visto y aquello que permanece oculto. Esta exposición desplaza la comprensión física de la luz hacia una poética de la percepción contemporánea. La oscuridad deja de entenderse como ausencia para convertirse en saturación: exceso de imágenes, exceso de información, exceso de violencia y ruido emocional.
Retorcer el negro implica tensionar las ideas de vacío, sombra y penumbra hasta aproximarse a aquello que no logra representarse completamente. La materia oscura, los mundos sin luz y la dimensión incomprensible del universo operan aquí como analogías de una humanidad fragmentada, suspendida dentro de un presente beligerante e incierto.
Lejos de construir una retórica del pesimismo, las obras reunidas intentan re-presentar una sensibilidad oscurecida. No ilustran un apocalipsis; configuran más bien un estado perceptivo. Un clima histórico donde los cuerpos, las materias y las imágenes parecen atravesados por una lenta combustión interna.
Durante siglos, Occidente construyó la oscuridad como metáfora del miedo, la muerte o lo desconocido. Sin embargo, en este proyecto lo negro deja de funcionar como una categoría meramente cromática o estética para transformarse en una condición política y afectiva: atmósfera histórica, temperatura social, síntoma civilizatorio.
Tal vez toda época produce su propia oscuridad. No como ausencia de futuro, sino como un territorio donde las formas todavía no terminan de aparecer. Allí donde el lenguaje fracasa, la sombra persiste.
Como señala Byung-Chul Han, vivimos en una época de sobreexposición y transparencia total; sin embargo, esta exhibición propone lo contrario: volver a mirar aquello que permanece opaco, ambiguo o irresuelto. La oscuridad no clausura la visión. Obliga a mirar de otro modo.
BLACK de HULLA
Propone una reflexión sobre el negro como materia política, superficie de ocultamiento y signo de poder. La instalación reúne objetos construidos con desechos y materiales precarios que evocan infraestructuras industriales degradadas, situándose entre la ruina, la maqueta y el vestigio. Vinculada a la serie El Negocio del Suelo (1996–actualidad), la obra continúa una investigación sobre ocupación, sedimentación y conflicto en el espacio.
Las estructuras son recubiertas con alquitrán de hulla, derivado de la transformación industrial del carbón. Más que un acabado superficial, este material opera como una capa de opacidad que absorbe relatos y evidencias, convirtiendo el negro en una metáfora de los mecanismos contemporáneos de encubrimiento, contaminación y control. Frente a la promesa de transparencia que sostiene gran parte del discurso institucional, la obra insiste en aquello que permanece oculto.
La instalación incorpora además embarcaciones construidas con restos encontrados y pintadas con camuflaje desértico. Estos artefactos precarios aluden a las economías de la guerra, el desplazamiento forzado y las formas de violencia que atraviesan el presente global. Entre ruina y supervivencia, revelan las tensiones entre explotación, resistencia y propaganda.
La presencia de Kathleen Cleaver, figura histórica vinculada al Partido Pantera Negra, introduce una dimensión política asociada a las luchas antirracistas y a la resistencia frente a estructuras de dominación. Su imagen articula un diálogo sobre memoria, identidad y emancipación, conectando distintos cuerpos y territorios atravesados por la violencia del poder.
Un registro audiovisual complementa la instalación mediante aves negras construidas rudimentariamente en cartón que se enfrentan entre sí. Estas figuras precarias intensifican una atmósfera de deterioro y conflicto, proyectando una imagen inquietante de la contemporaneidad.
En BLACK de HULLA, la oscuridad no aparece como ausencia, sino como un campo de disputa. El negro del petróleo, la hulla y el alquitrán revela aquello que los relatos dominantes buscan borrar: las huellas materiales de la violencia, las memorias de la resistencia y las contradicciones que sostienen el presente.





















