1/5
1/1
trochi 3.jpg
t8.jpg

Pedacito de cielo (Valdivia)

Cuando la geografía te juega una mala pasada. NOmade Bienal - 2019

 

“Sucedió entonces una calamidad harto más estupenda de ver, que fácil de escribir ni pintar. Y fue que se levantó un terremoto tan furioso que parecía se asolaba el mundo, donde apenas se podía discernir cuál hacía mayor ruido: o el llanto y grita de la gente o el mesmo estruendo del temblor que era horrible. Fue tal la fuerza con que vino, que dejó la ciudad arruinada sin quedar edificio que no cayese todo o la mayor parte, y lo que estaba por caer, que era bien poco, no faltó otro infortunio que lo acabase, porque salió la mar de sus límites bramando más que leona y entrándose por la tierra hizo estrago en los rastros de las fábricas, y a la mesma tierra dejó hecha laguna no queriendo perdonar lo que ella había perdonado. Con esto quedó perdida la desventurada ciudad que por tantas vías lo había sido sin haber quien no le diese combate: mar, tierra y enemigos, y aun su mesma gente doméstica que la habitaba. Fue esto miércoles de ceniza.”

Crónicas de Pedro Mariño de Lobera 

 

Apuntalando los trastornos del desastre, en esto que se podría considerar una geo-estética del infortunio, dirigimos nuestra mirada al epicentro de la adversidad y nos encontramos con Valdivia cuyo cataclismo de los 60tas acompañado del mas grande componente telúrico registrado sobre la tierra (9,5 en la escala sismológica de Richter o mas de 12 en la escala Mercalli -como el medidor de la sensación de intensidad del terremoto-), increíblemente se incorpora a esta tragedia un maremoto que registraría olas de mas de 12 metros de alto -mismo que inunda pueblos enteros- y como si esto no fuera poco un aluvión que tapo el cause del rio San Pablo acrecentando las aguas del lago Riñihue y poniendo en ascuas a la población por mas de 64 días, en lo que se conoce como el riñihuazo.

 

Ese conjunto de sucesos que fracturan la lógica de una gnosis anclada en las figuras de lo previsible y alimentada por una dosis de premura, jamás imagino tal calamidad, mas el extenso abanico de posibilidades que nos presenta la figura de lo mítico parece que encuentra una mucho mejor comprensión del fenómeno en un mundo sesgado por la sobredosis de teorización frente a problemas que mas que medibles, obedecen a desarrollos y procesos que van de la mano con la ética, la conciencia y la  moral y por tanto de carácter afectivo; que con cuestiones medibles y razonables. 

 

Por lo dicho, resultase ser que: como si el dios Trentren Vilu -esa serpiente gigante- cuidador de la tierra y sus volcanes en la mitología mapuche (posteriormente implantado en la mitología Chilota) se despertara enojado porque el hombre mapuche a olvidado sus tradiciones y en ese despertar hace temblar la tierra.

 

Ese despertar provoca la ira del Caicai Vilu (la serpiente gigante con cara de pez cuidadora del mar y su fauna marina). El enojo de Caicai Vilu finalmente hizo que de un colazo azotara las aguas para que de una manera infernal y seguido del desastre ocasionado por el sismo; una hola gigante inunde pueblos enteros como: Osorno, Puerto Montt, Chiloé, Niebla y por supuesto nuestra bella Valdivia, ola que ni siquiera el antiguo fuerte español que custodia las costas de la isla de Niebla pudiera resguardar.

 

Ese despertar de los eternos rivales “Caicai Vilu y Trentren Vilu” brota para continuar la batalla épica (que en un pasado ya modifico todo el panorama convirtiendo a Chiloé de un lugar dentro del continente, en ese puñado de islas que es ahora).

 

Otra vez surge el cambio, en un suceso catastrófico que modifico el mapa del mundo, en donde todos los mapas anteriores hubieron de ser desechados, pues la geografía altero los formatos hasta ese momento inamovibles del espacio en lo que podríamos considerar una geo-estética del desencanto, pero que a la vez también sobrellevo -al ciudadano de la zona- a un nuevo pensamiento no solo geo-político diferente, sino conllevo a una geo-sicología del temor, temor que contrasta con la belleza paradisiaca del lugar: es como que si escondido tras de una tremenda belleza siempre existe la tragedia, o como si la exagerada belleza tendría que guardar sobre si una maldad oculta, a lo mejor pareciera que ser bella para Valdivia, es un pecado.

 

Lo cual nos hace pensar que a un visitante o turista cualquiera que explore Valdivia le es muy difícil entender que toda esa hermosura parte del sufrimiento germinado de una total y absoluta desdicha, como que el mundo cobra con sangre tal divinidad. Y que el trasfondo de su belleza se imprimo con sangre de un pasado sufrido a mas no poder.

 

Pero la cosa no queda allí, y como por si los dos eventos no fueran poco, surge una tercera desgracia, en donde el panorama de lo macabro culmina en un aluvión que bloqueara las aguas del rio San Pablo para en una suerte de tortura programática socavar la sicología de los ya desamparados habitantes quienes soportaban constantemente la idea de que la ruptura de ese dique natural se rompiera y esos 4.800 millones de metros cúbicos comprimidos en 24 metros de altura, de una vez terminaran el trabajo de barrer con lo que queda de la ciudad tal como sucedió en el año de 1575 según las crónicas de Pedro Mariño de Lobera.

 

Sin embargo el esfuerzo de todo un pueblo logro apaciguar la ira de los dioses. En un acto de solidaridad afecto y preocupación por el otro todos los pensamientos, las ideologías, las posturas, las razas, los colores, las etnias, las edades, los rangos y todo lo que en su momento pudo ser modelo de discordia en sociedades tan diversas como lo es la Chilena, fueron dejados de un lado y en un acto mágico conocido como “la epopeya del Riñihue”  (únicamente que en este relato épico, no hay un solo héroe para salvar a un pueblo sino que el pueblo es el que se salva a si mismo en una dosis de afecto y colaboración desinteresada) se consiguió luego de 64 días de incertidumbre que el desfogue de las aguas llegue a buen termino.

 

Consiguiendo gracias a esa recuperación de valores, solidaridad y afecto, que otra vez esos dioses como el Caicai Vilu y el Trentren Vilu retornen a su eterno  sueño a la espera de que esta vez la lección sea aprendida y el ser humano (ya no solo el Mapuche) nunca mas descuide ese cuidado el  ecosistema que le mantiene palpitante.

 

Nota a pie de pagina

 

Finalmente y como grandes estetas de las catástrofes, no podríamos dejar de esbozar la crisis socio-política de una Latinoamérica actual, que ha dejado entrever la inestabilidad epistémica de los modelos económicos en regímenes muchos de ellos corrompidos o por lo menos indiferentes a la realidad de su pueblo, para tratar de entenderlos como grandes movimientos tectónicos, o como capas de desplazamientos sociales de grupos humanos o masas humanas que a su paso desestabilizan todo intento despótico de poder generando las fisuras necesarias para producir cambios profundos en el tejido social, grietas que tal como la porcelana, podrán ser tapadas pero pase lo que pase jamás regresaran a su estado original.  

 

Hernán Pacurucu C.

Crítico y curador de arte contemporáneo