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Taladro

Fotoperformance, taladro, objetos, yeso, cuerpo

1999

Pero hay perversión, claro, en el sentido estricto que la psicología profunda le da a este término, sin valoración alguna: pervertir es operar una situación rígida en la cual, en este caso, una compulsión agresiva, componente parcial (en cualquier grado) de toda constitución de una comunidad sexual biológicamente asegurada, pasa a constituirse en la máxima expresión y finalidad de la sexualidad, como carácter sádico. La imaginería arcaica de la tortura, principalmente ginecológica, es reincidente: la belleza espeluznante de un martirio fálico sobre la cavidad.

He aquí la construcción de un signo anómalo, como todo aquel que para constituirse precisa de la elaboración y acariciamiento de una muerte real (orgánica o simbólica) en que articular el nacimiento de una significación, por ello estrictamente efímera, no importa cuánto se logre suspender ese tránsito que va del ser (que ya ha expirado) al ya no ser (en que se consume), e incluso quedándose fijo en el tránsito para repetirlo infinitamente

que no es otro el sentido de la perversión

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